SEIS CANCIONES SOBRE TEXTOS CLÁSICOS (1940/41)

Música Eduardo Toldrá (1895 - 1962)

 

LA ZAGALA ALEGRE  
(Jérica) 

A una donosa zagala
su vieja madre reñía
cuando pasaba las horas
alegres, entretenidas;
y ella, su amor disculpando,
con elocuencia sencilla,
cantando al son del pandero,
así mil veces decía:
"Ahora que soy niña, madre,
ahora que soy niña,
déjeme gozar ahora,
sin que así me riña".

¿Qué mal nos hace Salicio
si cuando pasa me mira,
y me tira de la saya
o en el brazo me pellizca?
No piense, madre, que busca
mi deshonra, no lo diga;
mi gusto sólo, y su gusto,
queriéndome así codicia.
"Ahora que soy niña, madre, etc.

Cuando casada me vea,
hecha mujer de familia,
me sobrarán mil cuidados,
me faltará mi alegría.
Por eso quisiera, madre,
pasar alegres los días
que me restan de soltera
en bailes, juegos y risas.
"Ahora que soy niña, madre, etc.


MAÑANITA DE SAN JUAN  
(Anónimo) 

Mañanita de San Juan,
mañanita de primor,
cuando damas y galanes
van a oír misa mayor,
allá va la mi señora,
de entre todas la mejor;
viste saya sobre saya,
mantellin de tornasol,
camisa con oro y perlas,
bordada en el cabezón;
en la su boca muy linda
lleva un poco de dulzor;
en la su cara tan blanca
un poquito de arrebol
y en los ojuelos garzos
lleva un poco de alcohol;
así entraba por la iglesia
relumbrando como el sol.

Las damas mueren de envidia
y los galanes de amor;
el que cantaba en el coro
en el credo se perdió;
el abad que dice misa
ha trocado la lición;
monacillos que le ayudan
no aciertan responder, non:
por decir amén, amén,
decían amor, amor.


NADIE PUEDE SER DICHOSO 
(Garcilaso de la Vega 1540 - 1616) 

Nadie puede ser dichoso,
señora, ni desdichado,
sino que os haya mirado.
Porque la gloria de veros
en ese punto se quita
que se piensa mereceros.
Así que, sin conoceros,
nadie puede ser dichoso,
señora, ni desdichado,
sino que os haya mirado.


CANTARCILLO 
(Félix Lope de Vega y Carpio 1562 - 1635) 

Pues andáis en las palmas,
ángeles santos,
¡que se duerme mi Niño,
tened los ramos!

Palmas de Belén,
que mueven airados
los furiosos vientos
que suenan tanto,
no le hagáis ruido,
corred más paso:
¡que se duerme mi Niño,
tened los ramos!

El Niño divino,
que está cansado
de llorar en la tierra,
por su descanso,
sosegar quiere un poco
del tierno llanto:
¡que se duerme mi Niño,
tened los ramos!

Rigurosos hielos
le están cercando,
ya veis que no tengo
con qué guardarlo;
ángeles divinos
que vais volando,
¡que se duerme mi Niño,
tened los ramos!


DESPUÉS QUE TE CONOCÍ 
(Francisco de Quevedo y Villegas 1580 - 1645) 

Después que te conocí,
todas las cosas me sobran:
el sol para tener día,
abril para tener rosas.
Por mí, bien pueden tomar
otro oficio las auroras,
que yo conozco una luz
que sabe amanecer sombras.
Bien puede buscar la noche
quien sus estrellas conozca,
que para mi astrología
ya son oscuras y pocas.
Después que te conocí, etc.

Ya no importunan mis ruegos
a los cielos por la gloria,
que mi bienaventuranza
tiene jornada más corta.
Bien puede la margarita,
guardar sus perlas en conchas,
que búzano de una risa
las pesco yo en una boca.
Después que te conocí, etc.


MADRE, UNOS OJUELOS VI 
(Félix Lope de Vega y Carpio 1562 - 1635) 

Madre, unos ojuelos vi,
verdes, alegres y bellos.
¡Ay, que me muero por ellos,
y ellos se burlan de mí!

Las dos niñas de sus cielos
han hecho tanta mudanza,
que la color de esperanza
se me ha convertido en celos.

Yo pienso, madre, que vi
mi vida y mi muerte en ellos.
¡Ay, que me muero por ellos,
y ellos se burlan de mí!

¡Quién pensara que el color
de tal suerte me engañara!
Pero ¿quién no lo pensara,
como no tuviera amor?

Madre, en ellos me perdí,
y es fuerza buscarme en ellos.
¡Ay, que me muero por ellos,
y ellos se burlan de mí!


Escaneado 2002