EL CANTO DE TRIUNFO DE MIRYAM D.942 (1828)

(Mirjams Siegesang)

Música de Franz Schubert (1797 - 1828)

Texto de Franz Grillparzer (1791 - 1872)

 

Rührt die Zimbel, schlagt die Saiten,                  
Laßt den Hall es tragen weit; 
Groß der Herr zu allen Zeiten, 
Heute groß vor aller Zeit. 

Aus Ägypten vor dem Volke, 
Wie der Hirt den Stab zur Hut, 
Zogst du her, dein Stab die Wolke 
Und dein Arm des Feuers Glut. 
Zieh, ein Hirt vor deinem Volke, 
Stark dein Arm, dein Auge Glut. 

Und das Meer hört deine Stimme, 
Tut sich auf dem Zug, wird Land; 
Scheu des Meeres Ungetüme, 
Schaun's durch die kristallne Wand, 
Und das Meer hört deine Stimme, 
Tut sich auf dem Zug, wird Land. 

Wir vertrauten deiner Stimme, 
Traten froh das neue Land. 
Doch der Horizont erdunkelt, 
Roß und Reiter löst sich los, 
Hörner lärmen, Eisen funkelt, 
Es ist Pharao und sein Troß. 
Herr, von der Gefahr umdunkelt, 
Hilflos wir, dort Mann und Roß. 
Und die Feinde, mordentglommen, 
Drängen nach den sichern Pfad; 
Jetzt und jetzt - da horch'! welch Säuseln, 
Wehen, Murmeln, Dröhnen! Horch, Sturm. 
's ist der Herr in seinem Grimme, 
Einstürzt rings der Wasser-Turm. 
Mann und Pferd, 
Roß und Reiter 
Eingewickelt, umsponnen 
Im Netze der Gefahr, 
Zerbrochen die Speichen ihrer Wagen; 
Tot der Lenker, tot das Gespann. 

Tauchst du auf, Pharao? 
Hinab, hinunter, 
Hinunter in den Abgrund, 
Schwarz wie deine Brust. 
Und das Meer hat nun vollzogen, 
Lautlos rollen seine Wogen, 
Nimmer gibt es, was es barg, 
Eine Wüste, Grab zugleich und Sarg. 
Schrecklich hat der Herr vollzogen, 
Lautlos ziehn des Meeres Wogen; 
Wer errät noch, was es barg? 
Frevlergrab zugleich und Sarg. 

Drum mit Zimbel und mit Saiten 
Laßt den Hall es tragen weit, 
Groß der Herr zu allen Zeiten, 
Heute groß vor aller Zeit.



Haced sonad los crótalos, rasgad las cuerdas,
y que su sonido llegue lejos.
Grande es el Señor por siempre,
sea grande el día de hoy por toda la eternidad.

Saliste de Egipto al frente de tu gente,
como el pastor con cayado y caperuza,
con tu bastón de nube 
y tu brazo de fuego incandescente.
¡Mirad al pastor con su pueblo,
poderoso el brazo, refulgentes los ojos!

Y el mar escuchó su voz,
y el mar se le abrió y se hizo tierra.
El mar tumultuoso, intimidado,
se convirtió en cristalina pared.
Y el mar escuchó su voz,
y el mar se le abrió y se hizo tierra.

Nosotros confiamos en tu voz
y caminamos felices a la nueva tierra.
Pero el horizonte se oscurece;
corcel es y jinetes se lanzan en persecución;
cuernos de guerra, aceros deslumbrantes,
¡son los ejércitos del Faraón!
¡Señor, ante la peligrosa oscuridad,
estamos desamparados!
Llegan guerreros y jinetes,
los enemigos, los asesinos,
se agolpan por doquier.
Pero ¡escuchad! 
¿qué resuena, sopla, murmura y retumba?
¡Oid la tormenta!
Es la furia del Señor
que derrumba las paredes de agua.
Hombres y caballos, corceles y jinetes,
envueltos, cubiertos y enredados,
Las ruedas de sus carros echas pedazos
muertos los conductores, rotos los arneses.

¿Saliste del agua, Faraón?
Abajo, abajo,
en lo más profundo del abismo
tan negro como tu pecho.
Y el mar ahora se ha tranquilizado,
silenciosas se mueven sus olas,
nunca jamás regresará lo que él se tragó:
desierto, tumbas y ataúdes, al mismo tiempo.
La cólera del Señor ha apaciguado,
silenciosas se ven ahora las olas del mar.
¿Quién podría adivinar lo que ha ocurrido?
Tumbas y ataúdes, al mismo tiempo violados.

Haced sonad los crótalos, rasgad las cuerdas,
y que su sonido llegue lejos.
Grande es el Señor por siempre,
sea grande el día de hoy por toda la eternidad.



Escaneado y Traducido por:
Arturo Gómez 2009