CUATRO CANTOS SERIOS Op. 121 (1896)

(Vier ernste Gesänge)

Música de Johannes Brahms (1833 - 1897)

Textos de la Biblia

 

1.- 

Denn es gehet dem Menschen wie dem Vieh; 
wie dies stirbt, so stirbt er auch; 
und haben alle einerlei Odem; 
und der Mensch hat nichts mehr denn das Vieh: 
denn es ist alles eitel. 

Es fährt alles an einem Ort; 
es ist alles von Staub gemacht, 
und wird wieder zu Staub. Wer weiß, ob der Geist des Menschen 
aufwärts fahre, 
und der Odem des Viehes unterwärts unter 
die Erde fahre? 
Darum sahe ich, daß nichts bessers ist, 
denn daß der Mensch fröhlich sei in seiner Arbeit, 
denn das ist sein Teil. 
Denn wer will ihn dahin bringen, 
daß er sehe, was nach ihm geschehen wird? 




2.-

Ich wandte mich und sahe an 
Alle, die Unrecht leiden unter der Sonne; 
Und siehe, da waren Tränen derer, 
Die Unrecht litten und hatten keinen Tröster; 
Und die ihnen Unrecht täten, waren zu mächtig, 
Daß sie keinen Tröster haben konnten. 
Da lobte ich die Toten, 
Die schon gestorben waren 
Mehr als die Lebendigen, 
Die noch das Leben hatten; 
Und der noch nicht ist, ist besser, als alle beide, 
Und des Bösen nicht inne wird, 
Das unter der Sonne geschieht. 




3.-

O Tod, wie bitter bist du, 
Wenn an dich gedenket ein Mensch, 
Der gute Tage und genug hat 
Und ohne Sorge lebet; 
Und dem es wohl geht in allen Dingen 
Und noch wohl essen mag! 
O Tod, wie bitter bist du. 
O Tod, wie wohl tust du dem Dürftigen, 
Der da schwach und alt ist, 
Der in allen Sorgen steckt, 
Und nichts Bessers zu hoffen, 
Noch zu erwarten hat! 
O Tod, wie wohl tust du! 




4.-

Wenn ich mit Menschen und mit Engelszungen redete, 
Und hätte der Liebe nicht, 
So wär' ich ein tönend Erz, 
Oder eine klingende Schelle. 
Und wenn ich weissagen könnte, 
Und wüßte alle Geheimnisse 
Und alle Erkenntnis, 
Und hätte allen Glauben, also 
Daß ich Berge versetzte, 
Und hätte der Liebe nicht, 
So wäre ich nichts. 
Und wenn ich alle meine Habe den Armen gäbe, 
Und ließe meinen Leib brennen, 
Und hätte der Liebe nicht, 
So wäre mir's nichts nütze. 
Wir sehen jetzt durch einen Spiegel 
In einem dunkeln Worte; 
Dann aber von Angesicht zu Angesichte. 
Jetzt erkenne ich's stückweise, 
Dann aber werd ich's erkennen, 
Gleich wie ich erkennet bin. 
Nun aber bleibet Glaube, Hoffnung, Liebe, 
Diese drei; 
Aber die Liebe ist die größeste unter ihnen. 





1.-

Lo que le sucede a los hijos de los hombres
y a los de las bestias, es un mismo suceso:
como mueren unos mueren otros, pues todos respiran;
el hombre no tiene preeminencia sobre la bestia; 
todo es vanidad.

Todo va a un mismo lugar;
todo nace del polvo
y todo volverá al mismo polvo.
¿Quién sabe que el espíritu del hombre sube arriba
y que el de las bestias desciende abajo,
a la tierra?
Así, pues, no hay cosa mejor para el hombre 
que alegrarse con su trabajo,
pues esa es su parte;
porque ¿quién lo llevará para que vea
lo que ha de ser después de él?

(Eclesiastés 3:19-22)


2.-

Me volví y vi las violencias que se hacen bajo el sol;
y he aquí las lágrimas de los oprimidos,
sin tener quien los consuele;
y la fuerza estaba en la mano de sus opresores,
y no había quien consolara a aquellos.
Y alabé yo a los finados,
los que ya murieron,
más que a los vivientes,
los que viven todavía.
Y tuve por más feliz que unos y otros 
al que no ha sido aún,
pues no ha visto las malas obras
que se hacen bajo el sol.

(Eclesiastés 4:1-3)


3.-

¡Oh, muerte, que amargo es tu recuerdo
para el que vive tranquilo con sus posesiones,
para el hombre feliz, 
para el hombre que prospera,
para el que tiene salud 
y goza de los placeres!
¡Oh, muerte, que amargo es tu recuerdo!
¡Oh, muerte, qué dulce es tu sentencia
para el hombre derrotado y sin fuerzas,
para el hombre que tropieza y fracasa,
para el que se queja
y ha perdido la esperanza!
¡Oh, muerte, qué dulce es tu sentencia!

(Eclesiastés 41:1-2)


4.-

Si yo hablase lenguas humanas y angélicas,
y no tengo amor,
vengo a ser como metal que resuena,
o címbalo que vuelve a tañer.
Y si tuviese profecía,
y entendiese todos los misterios
y toda la ciencia,
y si tuviese toda la fe,
de tal manera que trasladase los montes,
y no tengo amor, 
nada soy.
Y si repartiese todos mis bienes 
para dar de comer a los pobres,
y si entregase mi cuerpo para ser quemado,
y no tengo amor,
de nada me sirve.
Ahora vemos por espejo, 
oscuramente;
mas entonces veremos cara a cara.
Ahora conozco en parte;
pero entonces conoceré como fui conocido.
Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor,
estos tres;
pero el mayor de ellos es el amor.

(San Pablo, 1° Carta a los Corintios 13:1-3, 12-13)



Escaneado y Traducido por:
Fernando García Pliego 2001